Honestidad: la clave de la confianza

Si hacemos un listado de las cualidades que nos gustaría encontrar en otras personas o mejor aún, que nos gustaría poseer, seguramente enunciaremos la honestidad, porque garantiza confianza, seguridad, respaldo, confidencia, en una palabra integridad.

La honestidad es una forma de vivir congruente entre lo que se piensa y la conducta que se observa hacia el prójimo que, junto a la justicia, exige en dar a cada quien lo que le es debido. Tiene mucho de honradez, rectitud, integridad. Es una virtud que regala seguridad a quienes nos rodean, inspira fortaleza y claridad de ideas. La persona honesta busca y vive una armónia de vida, sin sobresaltos, ni temores.

la honestidad garantiza confianza, seguridad, respaldo, confidencia, en una palabra integridad.

Podemos ver como actitudes deshonestas la hipocresía, donde se aparenta una personalidad que no se tiene para ganarse la estimación de los demás, el mentir continuamente, el simular trabajar o estudiar para no recibir una llamada de atención de los padres o del jefe inmediato, el no guardar en confidencia algún asunto del que hemos hecho la promesa de no revelarlo, no cumpliendo con la palabra dada, los compromisos hechos; la infidelidad, por último, como término de toda honestidad y quiebre de lo más íntimo de la relación de amor y confianza.

Si queremos ser honestos, debemos empezar por enfrentar con valor nuestros defectos y buscar la manera más eficaz de superarlos.

Es una virtud que se vive en la sinceridad, en la fidelidad a las promesas hechas en el matrimonio, en el trabajo y con las amistades. Puede ser fácilmente herida y traicionada si causamos daño al otro con una opinión ácida, un comentario burlesco o una palabra grosera; cuando le atribuimos al otro defectos que no tiene o juzgamos con ligereza su actuar. Somos honestos cuando evitamos provocar discordia y malos entendidos entre conocidos; cuando señalamos el grave error que se comete al hacer calumnias y difamaciones de quienes que no están presentes; cuando devolvemos oportunamente las cosas que no nos pertenecen y restituyendo todo aquello que de manera involuntaria o por descuido hayamos dañado.

Si queremos ser honestos, debemos empezar por enfrentar con valor nuestros defectos y buscar la manera más eficaz de superarlos, con acciones que nos lleven a mejorar todo aquello que afecta a nuestra persona y como consecuencia a nuestros semejantes, rectificando cada vez que nos equivocamos y cumpliendo con nuestro deber en todas las labores que se nos encomiendan, sin hacer distinción alguna.