Respeto: dar su lugar a cada persona

El respeto es la virtud por la cual reconocemos y tenemos presente de manera habitual la dignidad de las personas, como seres únicos e irrepetibles, creados a imagen de Dios, con inteligencia, voluntad, libertad y capacidad de amar; así como sus derechos según su condición y circunstancias.

Vivir el respeto significa

  • Ver a la otra persona como otro yo. Tratar a las personas como a mí me gusta que me traten.
  • Obedecer a mis padres y maestros y tratarlos con respeto. Escucharles con atención, seguir sus recomendaciones e indicaciones, obedecerles con amor y prontitud aunque lo que me pidan cueste.
  • Reconocer la dignidad del sacerdote como “Otro Cristo” y tratarlo con respeto. Ponerme de pie cuando un sacerdote entre a donde yo estoy, escucharlo con atención, obedecerle.
  • Tratar a los demás, sin distinción, con amabilidad. Saludar, despedirme, dar las gracias, pedir las cosas por favor, hablar de buena manera, etcétera.
  • No hablar mal de nadie, no burlarme, no criticar, no ignorar a nadie.
  • Saber escuchar y ayudar cuando alguien requiera de mi ayuda. No hablar solamente yo ni querer imponer mis gustos o caprichos.
  • Saber ceder, no querer imponer siempre mi voluntad, respetar la opinión de los demás.
  • Saber esperar mi turno para hablar, para pasar, para participar, etcétera.
  • Saber convivir con los demás respetando las normas y reglas de los juegos.
  • Cuidar y respetar mis cosas y las de los demás.
  • Respetar el esfuerzo y cuidar el trabajo de los demás.
  • Darme cuenta de que me rodean muchas personas a las que no siempre hago caso, tomarlas en cuenta, saludarlas con amabilidad, etcétera.
  • Cuidarme y respetarme de todo lo que me pueda dañar. Tener cuidado con lo que uso, hago, escucho o veo.
  • Desarrollar al máximo mis cualidades para ser cada vez mejor persona. Nunca pensar que valgo por lo que tengo sino por lo que soy.
  • Respetar y cuidar los lugares en donde vivo, estudio, juego, etcétera.
  • Obedecer las normas del reglamento escolar y de la sociedad en la que vivo.
  • Respetar los símbolos de mi país, ponerme de pie al escuchar el Himno Nacional, saludar a la bandera.
  • Respetar la intimidad y los sentimientos de los demás.
  • Ser alegre, generoso y bondadoso, ya que los demás merecen lo mejor de mí por la dignidad que tienen.

Y, finalmente, es mediante el respeto y no mediante a la imposición como nosotros mismos ganamos el respeto de los otros. Seamos fuentes de éste valor en nuestro trabaja, nuestra familia, nuestra comunidad y hacia nosotros mismos.

 

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Fuente: https://es.catholic.net/op/articulos/6470/cat/246/respeto-dar-su-lugar-a-cada-persona.html