La Voz del Comandante: Un plan de vida

Iniciamos ya el último trimestre del año; se acerca el tiempo de cerrar ciclos y generar nuevos objetivos. También es tiempo en que revisamos lo logrado en éste año y qué tan cerca estamos de alcanzar nuestros sueños…

¿Qué tan cerca estamos de lograr nuestros sueños? ¡Qué pregunta tan comprometida! Aunque parece fácil, no es algo que la mayoría de nosotros podamos responder de manera inmediata y concreta; vaya, que podamos responder sin dar rodeos.

¿Por qué suele ser complicado responder sobre nuestros sueños? Son nuestros, nosotros los generamos… nadie vino de otro planeta o de alguna misteriosa organización secreta a implantarlos en nuestro cerebro -o al menos eso quiero pensar: que somos libres de soñar-. Sin embargo, cuesta responder sobre lo cerca o lejos que estamos de alcanzarlos suele ser complicada.

Y no es que tengamos un problema mental o que no nos llegue “agua al tinaco”; lo más probable es que, simplemente, no nos hemos puesto a hacer un plan de vida. Bueno, ¿que tal si lo empiezas ahora mismo?

Lo que sí es un plan de vida…

Un plan de vida es el proyecto, la serie de objetivos, que tenemos a un largo plazo. Es decir, qué es lo que queremos hacer con nuestra existencia, a dónde queremos llegar y qué queremos dejar como legado. Y ésto abarca diferentes esferas de nuestra vida: lo personal, lo intelectual, lo espiritual, lo económico, lo social.. si falta alguna de éstas rebanadas, nuestro pastel estará incompleto.

Lo que no es un plan de vida…

Una meta a corto plazo, como comprar un carro o cambiar de casa, terminar una carrera o ir de voluntario a plantar árboles no es un plan de vida. Aunque son acciones muy positivas y claras, les falta un ingrediente primordial: un “para qué”… ¿para qué quiero comprar un carro?, ¿para qué quiero terminar una carrera?, ¿parqué plantar un árbol?. Sin un ‘para qué’ nuestras metas solo son una serie de actividades aisladas que, pueden ser agradables y benéficas, pero no sabemos a dónde nos están llevando.

¿Te das cuenta? Sin un ‘para qué’ estamos algo perdidos. Hacemos un montón de cosas que no sabemos a dónde nos llevan y, si no sabemos a dónde vamos, cómo saber qué tan cerca o lejos estamos de llegar.

Existen algunas preguntas de mucho provecho para ser conscientes sobre si realmente tenemos o no un plan de vida, una de ellas es dura pero poderosa: “¿me podría morir hoy mismo con la tranquilidad de que estoy siguiendo el camino que quiero?” Si tu respuesta es sí, entonces tienes un plan de vida (y puedes estar cerca o lejos de la meta, pero sabes que estás en el camino). Pero, si tu respuesta es no, ¡pon manos a la obra! Empieza a preguntarte a tí mismo ¿qué quieres lograr?¿cómo quieres ser recordado?¿qué va a quedar de ti cuando partas de ésta vida -en lo económico, en lo social, en lo familiar, el lo espiritual-?

Estamos en ésta vida para trascender, llegar más allá de nuestra propia vida y dejar algo para los demás. Cierra éste año con nuevas reflexiones sobre tí y, plan de vida en mano, ve planteándote objetivos claros para cerrar este año y comenzar el próximo.

No permitas, bajo ningún concepto, que tu paso por éste mundo sea en vano… traza el camino que decidas y ¡ponte en marcha!